De esquiroles y piquetes

Otra huelga general. La realidad es jodidamente complicada. Todo sería más cómodo si existieran los malos y los buenos, pero hay demasiados matices para distinciones maniqueas. Sé cuál no es mi bando, pero tampoco creo pertenecer al otro.

Hoy he volcado en mi post las muchas dudas que se enfrentan en mi mente cada día que se convoca una huelga que creo legítima.

A ti, esquirol

Siempre he considerado que en el término esquirol hay un reproche despectivo intolerable hacia la libertad de cada individuo a ejercer su derecho al trabajo.

Quién soy yo para cuestionar tus motivos para no ir a la huelga, si lo haces por propia convicción. Quizás no creas en la utilidad de la huelga –en eso cada día nos vemos más cercanos- o tal vez no puedas prescindir del dinero que necesitas para mantener a flote tu economía.

Puede incluso que asumas los recortes como un mal menor, que entiendas de buena fe que estrechando un poco más el cinturón del país vamos a volver a la senda del crecimiento, generaremos empleo y mejorarán las perspectivas de futuro.

Sólo me gustaría que pensases que mientras tú crees trabajar por levantar el país, otros paramos para intentar evitar que lo derriben. Estemos de acuerdo, al menos, en que ambas posturas deben ser respetables.

Mi problema es que a veces siento la tentación de pensar que llevo razón sobre ti, que no hay nada que en las actuales circunstancias pueda justificar que apoyes en silencio los recortes; que seguro que conoces a much@s amig@s que cayeron por una reforma laboral injusta; que no puedes estar en contra de que estudiar o ir al médico sea un derecho libre y gratuito.

Afortunadamente, es solo una tentación. Me recuerdo en voz baja que el pensamiento único es siempre el más peligroso, que de la confrontación de las ideas surgió el progreso y que mi único deseo será intentar persuadirte con mis ideas, si tenemos la ocasión de debatir amistosamente.

Únicamente me apena saber que es tu ausencia, y la de quienes piensan como tú, la que impide que mi huelga, y la de quienes la hacen como yo, sirva para algo. Pero no me siento con autoridad moral para sabotear tu cerradura, para impedirte llevar a tu hijo al colegio o para abuchearte a la entrada de la fábrica.

Y a ti, que algunos te llaman esquirol aunque en realidad querrías hacer huelga; a ti, que ves violados tus derechos por la extorsión de tu jefe, sólo te digo que eres una víctima de la falta de libertad que da sentido a la huelga como mecanismo de lucha colectiva.

 

A ti, piquete

A ti, piquete, te miro con una mezcla de desconfianza y respeto.

Mi desconfianza surge porque carezco de esa determinación que te lleva a defender tus ideas más allá de donde yo me siento capaz de defender las mías; pero también te respeto, siempre que no rebases el límite de la violencia, porque comparto el fondo de tus reivindicaciones y porque eres el único que se moja los pies para pescar unos peces que compartiremos entre todos si algún día llega la deseada hora del festín.

Cada día constato que las buenas palabras y el debate dentro del sistema no inquietan al poder que pretende aplastar nuestra sociedad. El que nos hunde es un engranaje casi perfecto, que sólo puede verse detenido mediante el sabotaje de algunos de sus mecanismos, aunque para ello haya que mancharse las manos de grasa.

Que impidas que se trabaje en aquellas empresas que asfixian con amenazas a sus trabajadores me parece un acto de justicia, por más que yo no me atreva a realizarlo. Que quiebres la libertad individual de quienes pretenden trabajar para imponerles tu criterio me parece difícilmente justificable, por más que el individualismo imperante sea el que nos está condenando a la derrota.

No creas que me dejo engañar por la propaganda imperante. Lo decía hace poco el CIS: son muchos más los trabajadores que se ven abocados a trabajar en día de huelga que los que se ven forzados a parar por obligación. También estoy seguro de que los incidentes con los que tanto te criminalizan desde muchos medios de comunicación no pueden ser comparados con la violencia estructural que está llevando a la pobreza a tantas familias.

Me encantaría saber si alguna vez has dudado de estar haciendo lo correcto. Si al pasar por algún comercio abierto y gritar en sus puertas contra el dueño y los trabajadores has sentido que quizás pudieras estar equivocado.

Imagino que tú, como yo, tendrás amig@s y familiares que no van a la huelga. Me pregunto si a ell@s también les presionarías como haces con los desconocidos a quienes pretender “informar” de que deben cerrar su negocio.

Sé que todas las conquistas sociales exigieron esfuerzos y lucha. Pero me temo que tu simple existencia, la necesidad de que haya piquetes para asegurar un mayor seguimiento en los paros, revela que la huelga no es un mecanismo con perspectivas de éxito en una sociedad fragmentada que no le ofrece el apoyo necesario para hacer temblar al poder.

3 pensamientos en “De esquiroles y piquetes

  1. tierradealex

    Ambos terminos tienen en su raiz un nexo común que es la falta de libertad, uno por no dejar ejercerla y otro por no poder ejercerla… Las quitaría del diccionario y eliminaría esos términos de la sociedad.
    Nos quejamos diariamente de la falta de libertades, y la huelga es un ejemplo, a la misma altura que acudir a votar, de conciencia y nadie ni puede obligar ni puede sentirse obligado a ejercer o no ejercer ese derecho porque es eso, un derecho, no una obligación.
    Evidentemente, sobra decir que hay motivos multiplicados por 1000 para esta huelga y para convocar otra mañana mismo.
    Ah, y mientras nosotros discutimos si huelga sí o huelga no, ellos siguen cobrando 6000 más dietas.
    Perdón por robarle un trozito de su espacio cibernético, Sr. Fleitas.

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    1. Gonzalo Autor

      En realidad, esa es la verdad. Lo obligado es respetar la libertad de cada cual. Pero no deja de ser cierto que esa misma libertad individual, que se traduce en nuestra incapacidad de defendernos de forma colectiva, es la que nos impide luchar de forma efectiva contra los abusos de esta crisis. Un abrazo y gracias por opinar.

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  2. Ernst

    A veces, y aunque las dudas puedan rondar por la cabeza, hay que actuar con determinación, gritar, y plantar cara.
    Como me dijo una persona que cada día me parece más interesante, y que con quien en rara ocasión estoy de acuerdo en algo, esto es un arma de doble filo, ya que puede parecer que intentas imponer tus ideas (cuando lo que intentas en defenderlas a capa y espada). Estoy dispuesto a cortarme con esa arma si fuera necesario.
    Gracias por compartir tus ideas y permitirme expresar las mías (aunque a veces mi ímpetu por hacerlo pueda “intimidar”).

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