Elige qué parte de tu cuerpo prefieres cortarte

Un terrible y despiadado asesino en serie viene a buscarte. Tras de sí arrastra un reguero de sangre y de víctimas inocentes que nada pudieron hacer por salvarse. Tampoco tú tienes nada que hacer. Ha puesto sus ojos en ti y tu final es inevitable, salvo que propicies tu propia mutilación.

Ya sé que no te parece buena idea y que es una putada que entre tod@s te haya elegido a ti. Pero te aseguro que no tienes otra salida. Prescindir voluntariamente de alguna de las partes menos valiosas de tu cuerpo siempre será mejor que ser despedazad@ por él. Es hora de que priorices aquel miembro de tu anatomía del que estarías dispuesto a deshacerte.

Un meñique. ¿Que como lo he averiguado? Llevo mucho tiempo persiguiendo a este matarife y casi todo el mundo se inclina por esta elección. No es mala idea, pero lamento decirte que no será suficiente. Su sed de sangre es infinita y sabe que un muñón de ese tamaño cicatrizará pronto. Te pedirá más sacrificios y tendrás que dárselos, si no quieres que sea él quien te torture.

Cierra los ojos y acostúmbrate a tu nueva vida desmembrada. Comienza a aceptarlo. No me des las gracias. Afortunadamente he podido avisarte y convencerte de que acceder a tu mutilación es tu mejor y única salida.

Exactamente este es el discurso de la crisis.

Sustituye asesino en serie por crisis. Tú, en tanto que individuo, no eres la víctima, porque lo que se persigue desmembrar es el estado del bienestar. Las mutilaciones autoinflingidas son los recortes que venimos soportando con complicidad silenciosa.

Pensadlo bien. ¿Quién en su sano juicio aceptaría ser mutilado si antes no estuviera plenamente convencido de que cualquier otra opción sería peor, si no estuviera persuadido de la inevitabilidad del mal que le acecha?

Lo explica Naomi Klein en su libro La doctrina del shock, del que también hay un documental. Se trata de conmocionar a la masa con un bombardeo masivo de noticias negativas, hasta conseguir una anulación sensorial que derive en la incapacidad crítica que conduce a una sociedad a aceptar acríticamente políticas económicas ultraliberales que atentan contra los intereses de la mayoría.

Que sube la prima de riesgo. Que el desempleo llegará a los seis millones de personas. Que las pensiones desaparecerán porque son insostenibles. Que saldremos del euro y volveremos a nuestra pobre y triste peseta. Que llega el corralito. Que los bancos se hunden y pueden desaparecer nuestros ahorros. Pánico total.

Objetivo conseguido. Con semejante relato asentado en el pensamiento colectivo, todos aceptamos que los recortes son inevitables. Ahora la discusión se centra en decidir qué parte de nuestro cuerpo queremos cortarnos. Ya hemos accedido a la mutilación, ya hemos sucumbido a su discurso, ya estamos entregados a nuestro asesino en serie.

De nada sirve que otras víctimas (Grecia, Irlanda, Portugal) ya hayan sido torturadas por este mismo asesino. Que accedieran como nosotros a su propia mutilación y que podamos comprobar que no solo no han mejorado, sino que prosigue su agonía.

Hay otra víctima de la que se habla menos. Se llama Islandia y tuvo la ocurrencia de enfrentarse a su asesino. Se lanzó contra él, tuvieron un doloroso forcejeo cuerpo a cuerpo que le costó alguna herida de cierta gravedad, pero pudo derrotarlo. Sin caer en falsos idealismos, ahora vive mejor y ha superado el miedo.

Pero que no se nos ocurra tomar ejemplo de Islandia, nos dicen, porque ella era una víctima muy especial: una isla chiquitita, aislada, con poca población, que puede permitirse lo que al parecer no podemos los demás. Ni se os ocurra imitarla: las consecuencias pueden ser terribles.

Prohibidas las alternativas.

Córtate la sanidad. Después la educación. Ve pensando en mutilar tus pensiones. No te quejes, podría ser peor. Mira a tu lado. Por lo menos tienes trabajo. Si no lo tienes, por lo menos un hogar. Si careces de ambos, piensa que aún tienes algo que darle de comer a tus hijos. Y no se te ocurra quejarte porque siempre habrá alguien al que le vaya peor que a ti.

No podemos hacer otra cosa. Es inevitable. Estamos en crisis.

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