Mártires por los desahucios

Amaia y Josemi. Josemi y Amaia. Dos personas normales que no pudieron soportar que les despojaran de su dignidad con el desahucio de su vivienda. Dos historias con nombre y apellido que han dibujado con su sangre un fresco de la degradación moral que corroe España.

Amaia y Josemi han protagonizado un arrebato postrero que ha conmocionado a un país que camina noqueado a la deriva enfangado en el lodazal de la crisis. Sus muertes han sido el toque de corneta que ha despertado la conciencia de quienes pudieron evitarlas, los grandes partidos políticos que han desarrollado una insensibilidad tal que ya sólo se movilizan al compás de la muerte.

Amaia y Josemi ponen nombre y cara a cientos de miles de historias dramáticas de anteriores desahucios que se produjeron en el anonimato social y mediático. Otras tantas vidas rotas que no llegaron al suicidio –aunque en algunos casos lo intentaron sin éxito- pero que fueron víctimas de la misma violencia estructural consentida y legal.

Legal, al menos en teoría, aunque el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (UE) haya afirmado que las normas españolas no protegen a los consumidores de posibles cláusulas abusivas en sus contratos hipotecarios.

Amaia y Josemi iban a ser desahuciados por esas mismas entidades bancarias a las que hemos rescatado entre todos a escote con dinero público. Unos bancos que se apoyaban en una ley –de nuevo la hiriente dicotomía cada vez más frecuente en nuestras vidas entre lo legal y lo moral- que se negaron a reformar en múltiples ocasiones los mismos partidos que ahora acuden con una prisa vergonzante para aportar soluciones.

Amaia y Josemi son en realidad dos desconocidos para nosotros. No sabemos cuáles eran sus circunstancias personales, por qué su desesperanza les ha empujado a tomar la dolorosa decisión de finiquitar sus propias vidas. Sí sabemos, en todo caso, que sus desahucios fueron el detonante que les colocó la soga al cuello o les situó frente al vacío para que la desesperación les empujara a su macabro final.

Amaia y Josemi van a conseguir lo que antes no lograron encomiables movimientos ciudadanos como Stop desahucios y la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), gente también anónima que clamó en cruel soledad contra esta barbarie. Frente a la ley, los partidos políticos y la banca, la movilización social de estos ciudadanos ejemplares ha sido la única ayuda para muchos desahuciados, que probablemente en su apoyo encontraron la fuerza para superar sus dramas y evitar suicidios como los que hoy abochornan a nuestro país.

Amaia y Josemi son dos mártires por la causa del desahucio. Tenemos la responsabilidad moral de asegurarnos de que sus muertes no habrán sido en vano y de que allá donde estén sientan el consuelo de saber que consiguieron frenar la injusticia. Han de ver cómo sus vidas rescataron del padecimiento a muchas otras familias abocadas a sufrir el mismo escarnio.

Y si el tiempo pretende condenar sus nombres al olvido; si la banca inmoral y la política insensible vuelven a no estar a la altura, será el momento de que la sociedad civil saque sus garras y les haga justicia, poniendo definitivo final a la vergüenza de los desahucios.

Un pensamiento en “Mártires por los desahucios

  1. Jorge

    Más razón no se puede tener, que pena que haya que llegar al extremo para maquillar las cosas, porque ni siquiera es que vayan a cambiar.

    Un abrazo.

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