Mi detective y el increíble caso de las cuentas suizas

Vi el anuncio sorprendido hace unos días. Una empresa de descuentos ofertaba la posibilidad de contratar a un detective por 39 módicos euros. No pude resistir la curiosidad. Decidí llamarlo y fijamos una cita. Quedamos en un sitio público y me dijo que le reconocería por el periódico y un sombrero.

Era un hombre de palabra, aunque también de pocas palabras.

– Desea contratarme.

En realidad, mi vida es tan gris que poco hay que investigar en ella, pero pensé unos instantes y decidí encargarle un asunto que me tenía preocupado.

– Ha oído hablar de unas noticias de las cuentas en Suiza de algunos políticos de CIU…

Podría haberse descojonado en mi cara, pero aguantó mi mirada impertérrito.

– Sí, obviamente.

– Soy una persona a la que le gusta estar bien informada y, como cada vez que leo y escucho más entiendo menos, me gustaría que usted hiciera algunas averiguaciones para mí. Me puedo permitir ese lujo –rematé, pensando en que 39 euros no era demasiado por tener mi propio investigador.

– Permítame algunas preguntas antes  -me dijo con suavidad-. ¿Cuándo ha surgido esta información?

– Pues hace una semana más o menos – contesté tras una breve pausa valorativa.

– Digamos, pues, que unos siete días antes de las elecciones. Bien, sigamos. ¿Cree usted que las víctimas de esta información tenían algún enemigo, alguien que quisiera perjudicarles?

– Claro –sonreí e imaginé a unos cuantos millones de personas ofendidos en su dignidad patriótica por el plan soberanista de Mas-. Muchos enemigos, incalculables. El candidato de CIU ha cuestionado el orden del Estado español.

– Acote solo a aquellos que tendrían capacidad o poder para hacer circular una información de esa trascendencia.

– No sé, tal vez el gobierno; imagino que enfrentarse a la crisis y a un reto independentista no le hacía especial ilusión. Ya sabe, a perro flaco todo se le vuelven pulgas.

Aguardé una sonrisa en su gesto, pero se ve que la profesión detectivesca concede pocas licencias.

– Tratemos ahora de hacer una reconstrucción lógica del proceso –me sorprendió la palaba empleada-. Supongamos que falta una semana para unas trascendentales elecciones en las que usted desea perjudicar a un candidato. Usted dispone de resortes para hacerlo, pero su posición se lo impide. ¿Qué haría?

– Pues recurrir a alguien de mi confianza, alguien que pudiera alegrarse del descalabro electoral de mi oponente. En este caso, un medio afín. ¿Pero es cierta o no la información? –la pregunta que más me intrigaba seguía sin respuesta.

– Quién sabe –murmuró pensativo-. ¿Ese informe tiene debilidades notorias?

– Bueno – me detuve-. Está sin firmar, carece de sello y dicen que pertenece a un sumario concreto, el del caso Palau, aunque al juez instructor no le consta su contenido. Además, parece que uno de los informantes es una persona anónima que escribió una carta de denuncia tras ver un programa de televisión. La verdad es que la lógica me dice que puede ser falso.

– No corra demasiado. Que haya irregularidades no implica que el contenido sea falso. Quizás alguien decidió guardarse un as en la manga por si llegaba la ocasión de jugarlo. Y parece que le ha salido bien…

– Sí. Nunca sabremos si ha pesado o no, pero desde luego las elecciones no han dado un resultado muy satisfactorio para CIU. Y quienes han publicado todo esto parecen estar especialmente alegres, aunque no son los únicos.

Bienvenido a las cloacas del poder. Alguien ha decidido tomarse algunas molestias para asegurarse de que el resultado electoral le satisficiera. Por 39 € no puedo hacer más por usted. Antes investigaba yo mismo, pero con lo que está subiendo la gasolina no puedo permitirme los gastos de desplazamiento y me limito a ayudar a pensar a mis clientes.

Le pagué sin rechistar y le miré alejarse. El detective había estado a la altura de la cutrez del caso. Miré la portada del periódico, pagué el café y me prometí aguardar que el tiempo me aclarara si aquello, además de ser un intento de malear la soberanía popular en Cataluña, contenía algo de verdad.

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