Si el periodismo escribiera su esquela

Si el periodismo escribiera su esquela, haría como la señora pacense que afeó la conducta de sus familiares, que no la atendieron en vida y después la lloraron en su muerte.

Todo el que quiera llorar al periodismo, que recuerde que la suya no está siendo una muerte plácida. Todo lo contrario. El suyo es un asesinato alevoso, premeditado y anunciado, con cómplices, cooperadores necesarios y verdugos disfrazados de víctimas.

Ahora que el periodismo se desangra a borbotones en una hemorragia de ERES, conviene recordar aquel dicho tan cierto de entre todos lo mataron y él solito se murió.

Murió el día que decidió darle la espalda a la sociedad para abrazar al poder. El día que algunos de los demasiados periodistas que hoy lloran legítimamente la pérdida de sus trabajos prostituyeron la profesión para defender la ideología de quienes les pagaban, cavando profundas trincheras que ahora sirven de tumba de la credibilidad del oficio.

Un oficio que descansa amortajado por tantos artículos que sólo sirvieron para dilapidar la confianza de una ciudadanía que ahora ve el periodismo como un arma al servicio de intereses espurios.

Las lamentaciones y reivindicaciones han llegado demasiado cerca de la extremaunción. El #gratisnotrabajo, el #periodigno o el #soyperiodista, aun siendo encomiables y dignos de admiración, tardarán en recuperar lo que se perdió en años de silencio. Años de explotación por sueldos miserables, de paulatina degradación consentida de las condiciones laborales del periodista, que denunciaba los abusos ajenos sin rebelarse ante los propios.

El periodismo empezó a morir el mismo día que nació, víctima de su propia leyenda. Un oficio que ha crecido, incluso en tiempo modernos, agarrado al mito deforme del viejo periodista de raza que, en redacciones oscuras y abrazado a su botella de whisky, paría con su máquina de escribir historias comprometidas.

Esa continua añoranza de tiempos pasados ha devenido en un desprecio altivo por lo nuevo.

Sobran debates eternos sobre el futuro del papel y etiquetas prejuiciosas de lo que es o no periodismo; falta autocrítica, valentía para modernizar estructuras, recuperar el pulso de la calle y colocar el rigor y la seriedad por encima de la inmediatez y la banalidad.

Si el periodismo escribiera su esquela, reservaría su agradecimiento final para los empresarios y gestores que lo han llevado al matadero. Ricos y poderosos que han usado el periodismo para medrar, influir o como mero juguete con el que saciar su ansia de notoriedad.

En el mejor de los casos, profesionales con sueldos millonarios que han tenido la desfachatez de desmantelar redacciones mileuristas o sin contrato para mantener la viabilidad de un proyecto hundido por su nula capacidad de gestión. Jefes que han jugado a periodistas sin conocimiento ni criterio, cegados por la codicia y las cifras. Gestores incapaces de hacer rentable la información, que a todo el mundo interesa.

Si el periodismo escribiera hoy su esquela, puede que lo hiciera con faltas de ortografía o a gritos, para entretener a la audiencia.

El periodismo se muere. Soy el menos indicado para dar lecciones. Probablemente jamás hice algo que mereciera ser llamado periodismo. Sólo lamento que haya tantas lágrimas para despedir lo que no se supo defender a tiempo.

Posdata
Escribí este blog hace un tiempo, durante el proceso de preparación offline de este blog. Me congratula comprobar que en pocas semanas está germinando una actitud general de la profesión para defender al periodismo de la enfermedad mortal que le invade. Seré injusto por dejarme a gente atrás, pero mi máximo reconocimiento al trabajo de la Asociación de la Prensa de Sevilla por dignificar la profesión; a la lucha ejemplar de los compañeros de El Correo de Andalucía, que en su valentía y tenacidad representan a todos los que en estos tiempos han caído por alguno de los ERES de los medios de comunicación; a Enric González o Maruja Torres, que desde la cúspide del oficio han decidido quitar algunas caretas. Y a tod@s quienes de buena fe lamentan la situación del periodismo, en la creencia compartida de que una sociedad sin una prensa libre es menos democrática.

4 pensamientos en “Si el periodismo escribiera su esquela

  1. Bello

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